domingo, 21 de junio de 2009

El Juego, El Bufón y el Misterio

La vida es un juego. Un juego serio pero un juego. Perdimos la capacidad de jugar desde que éramos niños, y ahora siendo adultos, creemos que debemos enseñarle a los niños nuestro comportamiento solemne. Somos arrogantes en nuestra enseñanza hacia ellos por una lucha de poder, y no somos capaces de ver que los niños son nuestros maestros. Aún conservan las cualidades más valiosas para absorber las experiencias de la vida; son vulnerables ante los estímulos y su corazón está abierto ante las situaciones y las personas. Poco a poco su corazón se va cerrando porque debe salir de su burbuja y enfrentar el mundo corrompido. Cuando llega a ser adulto, como tú y yo, ya no se acuerda de aquella época que seguramente percibía como el paraíso mismo. Es nuestra responsabilidad recuperar este espíritu del niño, re-aprender a jugar, a admirar la belleza de las cosas con el asombro e inocencia con que lo hacíamos cuando éramos pequeños.
Hay distintos niveles del juego, el más elevado es el del adulto-niño. Es aquel que con la consciencia el adulto ha recuperado las cualidades del niño. La vida se convierte en una aventura, un sueño, un juego. La vida y todo lo que hasta ahora había podido ser serio, la religión, las reglas sociales, morales, inclusive la íntimidad de las personas, sus tremendas convicciones, las enfermedades, las guerras, todo se convierte en un tema de burla. Es en esta dimensión donde aparece el Bufón, El Loco que cada uno lleva dentro. Es un estado de profunda comprensión sobre la vida, en relación con el hecho de la muerte, de que nada es para siempre, de lo absurdo de nuestro comportamiento, del lado grotesco y fantástico de la especie humana, del misterio.
En el momento en que la risa, la burla mezclada con la poesía y la belleza, entra dentro de uno, la vida se convierte en un juego y todo se vuelve fácil, sin esfuerzo; las relaciones, el trabajo, la familia, los hijos, todo, todo vuelve a ser como el niño que juega con la marioneta del sueño en llamas de agua derretida, se vuelve uno flexible ante los cambios, ante cada situación trágica de la vida uno puede admirar la comedia que también hay en ella. Uno adquiere una visión más amplia sobre la realidad, sobre el destino, y se desvanecen todas las preocupaciones y angustias sobre el futuro, sobre el pasado, y uno aprende a jugar sin objetivo alguno, sin competencias, sin envidias, sin celos, sin sufrimiento, uno aprecia entonces la belleza del momento presente en su máximo esplendor, como cuando éramos niños.


"La tragedia es el rompimiento de las formas y de nuestra unión con ellas; la comedia es el júbilo bárbaro, descuidado e inagotable de la vida invencible. Así las dos son términos de un solo tema mitológico y de la experiencia que las incluye y en la cual se unen: el camino hacia abajo y el camino hacia arriba, que juntos constituyen la totalidad de la revelación que es la vida y que el individuo debe conocer y amar si ha de sufrir la purgación (kátharsis-purgatorio) del contagio del pecado (desobediencia a la voluntad divina) y de la muerte (identifiación con la forma mortal)."

Joseph Campbell, El Héroe de las Mil Caras

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